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Recipiente:
puede ser un cubo, un barreño o el envase que más se adecue a tus
necesidades (por espacio, tamaño de la planta, etc); esta decisión la
dejamos a tu elección. Eso sí, es importante que sea opaco, ya que la luz no debe incidir en las raíces, y, por supuesto, impermeable.
Con una profundidad de entre 20-35 cm.; le haremos un agujero en la
base que nos ayudará a deshacernos del agua cuando decidamos renovarla.
Agua: la ideal es el agua de la lluvia, aunque la potable
también nos servirá; con una concentración baja de hipoclorito de sodio
y de cal. Sólo utilizaremos aquéllas con gran cantidad de sal para los
cultivos que acepten este tipo de agua; éstos son los claveles, la
lechuga o los tomates.
- pH:tenemos que controlar el pH del agua antes de alimentar a las plantas. Los niveles normales son 6.5 y 8.5. Aún así, el agua puede contener cierto grado de toxicidad por eso es importante controlarlo.
- Aire: ha de haber siempre una buena ventilación y evitar el polvo, los gases y el humo; como el tabaco, por ejemplo. Una bomba aireadora
es un instrumento muy práctico que nos puede facilitar mucho esta
función. Le uniremos un pequeño tubo que introduciremos en el estanque
y le haremos unos orificios para que produzca un burbujeo suave;
además, le colocaremos un pequeño peso para que se mantenga dentro del
agua.
- Luz: es fundamental para el desarrollo del cultivo; por ello, nos encargaremos de que reciba mucha luz. Asimismo, esto depende también del tipo de planta, ya que hay especies que crecen mejor a la sombra.
- Humedad: el porcentaje establecido para una atmósfera adecuada es del 75%
de humedad. Si es excesiva, la planta podría desarrollar alguna
enfermedad; del mismo modo, se verá perjudicada si el medio es muy
seco.
Solución nutritiva: Azufre,
boro, calcio, carbono, cobre, fósforo, hidrógeno, hierro, magnesio,
manganeso, nitrógeno, oxígeno, potasio y zinc. Cada uno de estos
elementos son necesarios en el cultivo porque sus propiedades se complementan entre sí y aportan a nuestra planta todos los nutrientes
que necesita para desarrollarse. A pesar de que hay distintas
combinaciones adecuadas a cada especie, una opción muy práctica, sobre
todo para los principiantes, es adquirir en tiendas especializadas soluciones hidropónicas ya elaboradas.
Sustrato: nos ayuda a que las raíces de la planta se aferren al interior del recipiente, protegiéndolas de la luz. Drena y oxigena
el agua y retiene los nutrientes que el cultivo necesita; los mejores
son aquellos que aportan una cantidad de oxígeno de entre el 15 y el
35%. Son componentes inertes, de bajo coste y livianos: arena, grava,
piedra pómez, virutas, cascarilla de arroz, etc.
- Semillero: el
desarrollo de nuestra planta dependerá en un principio de una buena
siembra. La calidad de las semillas y las condiciones en las que
germinen determinarán su futuro crecimiento; frescas, con mucha agua, pero sin que se ahoguen, y oxígeno. Un semillero nos ayudará en esta primera etapa.
- Manguera: la usaremos para renovar el agua y reponer los nutrientes del recipiente.
- Reloj controlador: nos ayudará a controlar los espacios de tiempo entre un drenaje y otro.

Cogeremos
el recipiente y cubriremos su interior con una funda de nylon con el
fin de asegurar su estanqueidad. Luego, colocaremos sobre él una tabla
de madera, de las mismas dimensiones del estanque, con orificios
por los que introduciremos las raíces de las plantas, con cuidado de no
lastimarlas. Las raíces quedarán sumergidas en el agua, pero el cuello
o tallo quedará justo encima de la superficie.
Cada
tres o cuatro horas al día oxigenaremos el agua con ayuda de la bomba
aireadora; y cada dos o tres días (con el tiempo lo haremos
diariamente), llevaremos a cabo el control de la solución hidropónica y
le añadiremos los componentes necesarios para mantener
la cantidad de nutrientes que nuestra planta necesita. Del mismo modo,
cada 30 días, en una primera época, y más adelante cada 15, renovaremos el agua, la cual utilizaremos para regar otras plantas.
Te recomendamos que mantengas un control sobre
el desarrollo de tus plantas por si padecen alguna enfermedad o sufren
alguna carencia y establecer una tabla de fechas donde el cultivo
experimenta los cambios más importantes.
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