A veces el trabajo de meses en nuestro jardín puede aparecer destrozado en unos días por los topos. Pequeños montones de tierra revuelta es la señal que dejan para demostrar que se han instalado. El daño que causan, secando los árboles y levantando el césped, resulta enorme.
Se trata de incómodos huéspedes difíciles de echar de nuestro terreno. Pero no hay que perder la esperanza porque cada vez existen en el mercado más métodos específicos para acabar con estas plagas que, junto con las tácticas tradicionales, nos darán el éxito en la misión de salvar nuestro jardín. Conocer estos pequeños animales y su comportamiento supone el primer paso para poder librarnos de ellos.
El topo y su modo de vida
Son animales insectívoros que se alimentan de los gusanos y larvas que hay en la tierra y, aunque nuestros árboles se sequen cuando sufrimos esta plaga, no se debe a que se alimenten de raíces. Los topos, en una actividad frenética, crean galerías subterráneas en busca de su alimento. Estas atraviesan en muchos casos las raíces de los árboles segándolas y privando a la vegetación de su modo de subsistencia.
Los pequeños mamíferos se emplean con absoluta entrega a cavar las toperas llegando a hacer de 10 a 15 metros de galería en una hora. No expulsarlos a tiempo puede resultar desastroso.
Hay que diferenciar a los topos de los topillos. Estos últimos, roedores y herbívoros, salen por las noches a la superficie y se alimentan de las hojas, frutos y tallos de nuestras plantas. Se convierte en prioritario saber identificar bien cuál es el problema pues de ello dependerá el método de control que utilicemos.
Los topos cuentan con un excelente olfato que les permite perseguir a sus presas debajo de la tierra sin usar la vista. Consumen una gran cantidad de alimento (igual a su peso) y no pueden sobrevivir ni un día sin alimentarse por lo que recorren la distancia que sea necesaria para poder comer.
Las toperas suelen ser visibles en primavera y otoño porque durante las estaciones húmedas los gusanos son más abundantes y los topos se pueden alimentar cerca de la superficie sin problemas. Durante el invierno y el verano, en los periodos más fríos o secos cavan más profundo, al ser más costoso conseguir el alimento, por eso en estas épocas nos puede resultar más difícil saber que sufrimos esta plaga.
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